Su nombre apelaba a la mínima tecnología y era real. Una radiocasetera, un tocadiscos, un bajo eléctrico, un teclado Casio y una batería electrónica pero de juguete, marca Mattel, era lo que tenían a mano los Minimal Technology para hacer sonar a comienzos de los años 90 en Santiago. El estudio de grabación y sala de ensayo tampoco era más sofisticado, consistente en una mediagua que el grupo levantó en un sitio colindante con el cerro San Cristóbal para tocar y grabar una música alejada de lo que se estaba oyendo en la época en Chile.
Sólo el ejemplo de Electrodomésticos estaba cerca en el tiempo, con la aproximación más experimental y vanguardista que ese grupo había dado a la época del pop chileno de los 80. Pero al inicio de la década siguiente, tres estudiantes de diseño ―Christian Soto, Marcos Correa y Pablo Castro― iniciaron una búsqueda propia, naturalmente tendiente al sonido electrónico y motivada por intereses que iban más allá de la música para abrirse a la imagen, lo escénico y la instalación sonora.
El punto de partida fue internacional, cuando en 1991 respondieron a una convocatoria hecha desde Japón por el curador Kino Mitsuko, quien publicó ese año dos pistas de MinimalTechnology en un compilado editado por su sello Dinn International. En Santiago el grupo tocó en vivo dos veces en esa primera época, en la Sala Agustín Siré y en el encuentro Anarquitectura de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile. «Las llamábamos obras multimedia», recuerda Pablo Castro, «porque era audio, imagen, video, fotografía también».
El detalle de los recursos reunidos por MinimalTechnology en esas fechas incluía proyección de diaporamas, monitores de video con noticieros de la época, iluminación, esculturas con madera reciclada y ruidos, por ejemplo, de taladros, esto último por influencia de la música industrial. «Nos interesaban las máquinas del obrero, no el refinamiento ni la música hecha con costosas máquinas», manifiesta Pablo Castro. «Eran herramientas que se trasladan del taller del trabajador a un fonograma».
No hubo distribución para esta música a nivel local sino hasta años más tarde. Recién en el 2000 apareció el compilado 9 años de música experimental en Chile, editado por el colectivo La Nueva Gráfica Chilena, donde Minimal Technology son los más antiguos de la nómina, junto a nombres como Claudio Torres, Joe Villablanca o Sonora Kiltraza. Más de una década después el grupo se reunió para participar en vivo de la visita del músico neoyorquino Silver Apples, pionero de la electrónica experimental de fines de los 60, en La Perrera en 2015, y hoy su sonido se puede conocer gracias al sello Hueso Records con el 7” MinimalTechnology (2012) y el 12“ Música para videoinstalaciones 1991-1993 (2015). En 2017 publicaron el 10“ 8.8, el resultado de un proyecto transmedial inspirado en el terremoto y tsunami de 2010 en Chile, y en 2025 autoeditaron en cassette Power on, con los cinco tracks que grabaron a inicios de los 90.
En tiempo real sólo supieron de MinimalTecnology quienes los vieron en vivo en sus dos apariciones, o quienes los escucharon en contadas entrevistas con Guillermo Escudero y Rolando Ramos en los programas de radio «Música marginal» y «La alcantarilla gaseosa», o quienes leyeron una entrevista del DJ y periodista Marcelo Umaña al grupo publicada en la revista Música Marginal. Pero gracias a la reedición de su música, ahora es posible acceder a una pieza clave de la vanguardia ruidista chilena y a un nombre pionero del hoy nutrido movimiento de arte sonoro y multimedia local.
https://www.instagram.com/mnmltchnlgy/
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