Hace 31 años se registró en el planeta un acontecimiento astronómico memorable. Fue el último eclipse de la década, del siglo y del milenio, y el norte de Chile fue el mejor lugar para observarlo. Pero además la fecha hizo historia para un movimiento cultural que daba sus primeros pasos. Pasos de baile.
En noviembre de 1994, un eclipse total de sol y la música electrónica se alinearon. A la rave del eclipse celebrada en Arica llegaron Derrick May, estrella mayor del firmamento techno, y otras a punto de comenzar a brillar, como Stacey Pullen y Ricardo Villalobos. Fue un encuentro como no había sucedido antes en Sudamérica, la fiesta más improbable, surrealista y legendaria de la naciente escena, y que se convirtió en hito fundacional de la cultura dance en Chile.
La electrónica no era desconocida para las juventudes nacionales, que habían bailado tecnopop o eurobeat desde los años 80, y una escena nueva e incipiente se había desarrollado en la primera mitad de los 90 con colectivos como Barrakuda, Micropunto, Ultramedia y otros. Eran las primeras fiestas donde no había canciones para corear, sino una música repetitiva, elemental, física, hipnótica, que estremecía los cuerpos con sus bajos y proyectaba las mentes por medio de timbres de origen desconocido. En 1994 ya había ganas, había DJs y había drogas como para montar una rave al estilo de las de Europa. Lo que no había era experiencia para organizarla, pero eso es parte de la historia de la rave de Arica.
Miguel Bustos, un chileno afincado en Copenhague y amante de la electrónica, se enteró a comienzos de ese año durante un viaje a Santiago de que iba a haber un eclipse el 3 de noviembre, y de que Arica iba a ser un lugar privilegiado para observarlo. “Yo toda mi vida fui de Arica. Entonces la motivación me subió pero diez mil veces: ‘En mi Arica querida esto tengo que hacerlo’”, recuerda. Su primer convocado fue Martín Schopf, también chileno, radicado en Alemania por el exilio de sus padres, y que tocaba en el dúo Sieg Über Die Sonne junto al músico alemán Tobias Freund. Si bien Bustos no consiguió auspicios en Chile, por contactos entre Barrakuda y la discotheque Oz puso a punto un line-up internacional para la rave.
En la leyenda quedaron nombres como los alemanes Dr. Motte y Atom Heart y el inglés Richie Hawtin, que fueron anunciados pero no llegaron a Chile. Sobre más gestiones infructuosas de ese tipo tiene memorias nítidas Christian Powditch, de Barrakuda: “Me acuerdo de haber tenido fax en la mano de Alex Paterson (del grupo inglés The Orb) pidiéndonos por favor que le pagáramos el pasaje para venir a tocar al eclipse. Y yo teniendo que ir a hablar con las marcas: ‘Oye, mira a quién te tengo, cacha los discos, las revistas’, y le llevabas la Wire o la ID, les mostrabas y… chao, compadre, nada, ni un peso”.

Aun así el cartel era atractivo en 1994, y lo sería hoy, sobre todo por la presencia de Derrick May, uno de los iniciadores del techno en Detroit, quien llegó en dupla con un joven Stacey Pullen. Desde Alemania volaron Heiko MSO, Terry Bell, el chileno Ricardo Villalobos y Sieg Über Die Sonne, además de los visualistas Pyromania y de Katja Godwin, productora que fue determinante en gestionar el viaje y los auspicios de la comitiva alemana. Y de Santiago viajaron Too Small, DJ Siddhartha, DJ Pascal y Cristian Powditch.
La producción fue aventurada desde el inicio. El elenco alemán tardó unos tres días en llegar después de sumar conexiones en Frankfurt, Bogotá, Lima, Cuzco, Tacna y Arica, según menciona Miguel Bustos: “Llegaron hechos pelota, cansadísimos”. A eso se sumaron los problemas logísticos en el lugar elegido para la fiesta, la pequeña península de El Alacrán en el litoral ariqueño. Ahí se instaló una amplificación arrendada a un proveedor local y un modesto escenario donde las tornamesas fueron puestas sobre bancos de escuela y encima de frazadas, para amortiguar los movimientos.
“No había ni tornamesas en Arica. Hubo que buscar a última hora y pedir a discotheques locales que nos arrendaran tornamesas”, recuerda Miguel Bustos. “Teníamos que juntar parlantes de toda Arica, era una mezcla de cualquier marca que estaba disponible y se armó”, diice DJ Siddhartha. “La gente llegaba a Arica y había cero infraestructura. Ni siquiera había electricidad en la isla Alacrán”, agrega Martín Schop, y es la verdad. Para la primera noche, Miguel Bustos había soñado con una gran convocatoria, pero apenas llegaron unas 60 personas, y justo cuando el sol bajaba y la música subía, las luces de la costanera ariqueña se encendieron y… se cortó la electricidad en la isla. Así que tocaba elegir: o sonido o iluminación. Esa noche se bailó, pero casi a oscuras.
Tras el eclipse, el nuevo sol trajo mejores noticias para la segunda jornada. Mucha gente que venía de vivir la experiencia cósmica en la altura andina se unió a la fiesta. Entre el público estaban los trance travellers, gente que recorría el mundo siguiendo eventos de música electrónica, como escribe Rocío Venegas en su libro de 2023 “Sampler. Techno en el confín del mundo”, donde relata los primeros años de la cultura electrónica chilena y sus principales hitos, partiendo por la fiesta de Arica.
Es la noche que la mayoría reconoce como la rave del eclipse, y fue inaugurada por Siddhartha, según él mismo menciona. “Toqué un set medio trance, entonces caí pésimo a los chiquillos que estaban esperando algo más house. Pero el público que estaba al principio era toda gente que iba mucho a Goa (India ), entonces resultó bien para ese público. Después tocó un DJ que se llama Terry Bell, para mí era de lo mejorcito de esa noche; y el Heiko MSO, espectacular, más house”.
Esa jornada tampoco estuvo exenta de problemas. Lo recuerda Miguel Bustos: “Cuando está tocando Sieg Über Die Sonne, Martín (Schopf) o no sé quién manda unos bajos profundos, y se fueron a la mierda como cuatro de los subwoofers. Así que nos quedamos con la mitad de subwoofers. Y con un mezclador como las pelotas. En ese momento había llegado Derrick (May), y mientras Stacey (Pullen) estaba tocando, le iba dando indicaciones desde el escenario y Derrick hacía el perilleo, así que lo dejó sonando decente”.
No muy lejos de ahí DJ Pascal se enfrentaba a otros contratiempos. “Cuando estaba por empezar la fiesta me había tomado un ácido, y de repente llega el Miguel Bustos y me dice ‘Tienes que ir a la caja, a la entrada, necesitamos a alguien en la caja’. Y parto a la caja, que era un quiosco de coca cola, de lata, que adentro eran puras velas, había una roca donde uno se podía sentar, y una caja de zapatos, de cartón, para guardar la plata”.
Pero no son sólo chascarros los que quedan en las memorias de quienes vivieron la rave. De esa segunda noche se suceden las impresiones musicales sobre el line-up. “Lo más sorprendente que pasó esa noche fue cuando arriba de ese escenario precario se subieron Martín Schopf y Tobias Freund, de Sieg Über Die Sonne”, dice Rocío Venegas, autora del libro “Sampler”. “Nunca había escuchado algo igual. Eran sonidos que habían sido creados para ese momento. Tocaron en vivo y la música que emitían era una música del año tres mil”.
“El Stacey Pullen con Derrick May hicieron un B2B (back to back) espectacular. Y después llegó obviamente Ricardo”, dice Siddharta, en referencia a Ricardo Villalobos. “Villalobos tocó antes de Stacey, yo no lo había escuchado tocar, y recuerdo que hizo una mezcla de un tema de Underground Resistance con uno de Richie Hawtin. Y la mezcla seguía, seguía, seguía… Tocó la raja”, recuerda Miguel Bustos. Y Siddhartha lo confirma: “Cuando tocó Ricardo al tiro pasó algo distinto. Algo era off en el beat, algo no era tan cuadrado ya, por la selección, la velocidad del BPM, las intervenciones que hacía, aparte del gusto musical. Eso sí que cambió mi vida completamente”.
Terminadas las fiestas quedó un registro en el reporte publicado sobre la segunda noche en la revista “Zona de Contacto”, firmado por el escritor y también DJ Hernán Rodríguez Matte. “El segundo día de la fiesta congregó a casi mil personas (…). Cuando comenzó a amanecer y los productores limpiaron la isla, en todo el lugar encontraron sólo una botella de pisco y una de cerveza. No quiero parecer exagerado, pero eso revela que estamos frente a algo nuevo. Gracias al baile, los estados de conciencia estaban literalmente en otra parte”.
El eclipse motivó varios días de celebración electrónica en los que hubo otras fiestas en playas cercanas. Y luego de las noches del Alacrán hubo una tercera jornada, con lucimiento especial de Stacey Pullen en las tornamesas. Recuerda Christian Powditch: “Al otro día hubo una fiesta en el Saint Gregory, un hotel modernillo, en el subterráneo, y ahí estaba Derrick May poniendo música, bien Detroit, y tenía al cabrito al lado que le pasaba los discos, se los limpiaba, los guardaba y se los ordenaba. Hasta que Derrick May le dijo ‘Ya, pon música tú’. Y empezó a poner música y quedamos todos así (con la boca abierta). Era Stacey Pullen. Nadie conocía a Stacey Pullen”.
Días después una parte del elenco viajó a Santiago para salir en el programa de TV “Extra jóvenes” y actuar ―ahora sí con éxito de público y buen soporte técnico― en la discotheque Oz durante tres noches, a las que se sumó el DJ canadiense de origen italiano John Acquaviva.
“En la fiesta de la Oz hubo un antes y un después para Ricardo Villalobos”, indica la cineasta Claudia Iglesias, una de las organizadoras de la rave. “Ricardo quería ser DJ, estaba empezando, le tocó estar junto con John Acquaviva, que para mí era un master, y fue una locura como mezclaban los dos. Eso fue yo creo que el portal para Ricardo, porque John Acquaviva le hizo descubrir algo que él tenía internamente y que aún no conocía, lo ayudó a dar el gran salto”.

La fiesta del eclipse repercutió en la evolución que la electrónica chilena llevaba hasta ese momento, por varias razones. Fue la primera en convocar a DJs estadounidenses y alemanes a Sudamérica y propició un fructífero intercambio artístico por la conexión con Alemania, gracias a figuras como Martín Schopf o Ricardo Villalobos. “Llegó gente muy importante, gente clave”, dice Martín Schopf. “Llegó Paul Taylor, llegaron los sanyasi, y son ellos los que dijeron que fuéramos a Santiago a tocar a la Oz. Y ahí entramos en conexión con Santiago y con esas millones de mujeres sanyasi, que nos embrujaron a todos”.
La rave de Arica inauguró además una saga de fiestas al aire libre que desde 1995 se afianzó en la región de Valparaíso con la rave de la Ballenera o el primera festival Earthdance organizados por Paul Taylor, y en Santiago con las Open Rave del colectivo Euphoria. “Compartir con esos DJs fue impresionante, no sólo verlos en una fiesta sino también conversar con ellos”, dice DJ Pascal. “La música electrónica une, eso también me gustaba de la época en que se hacía la Love Parade en Alemania: ocupar los espacios públicos sin destruir, que es algo que siempre nos motivó mucho en Euphoria”.
El hito de 1994 aglomeró también a futuras comunidades de amantes del techno e incluso a una nueva tribu urbana, como se la llamaba en la época. Lo destaca Claudia Iglesias: “Por primera vez había una rave y convocó a gente de diferentes tribus: la música electrónica berlinesa, europea; la música tribal de la gente que iba a Goa, India, que era más mística. Creo que abrió la mente ver tocando a esos europeos o a Derrick May y Stacey Pullen. Esta música al bailarla se sentía como una libertad potente, el cerebro entraba en un estado de concentración y certeza de que existe algo positivo, alegre, a pesar de tantas diferencias en el planeta. El baile nos unía a todos”.
Y desde entonces la escena local evolucionó y Chile se convirtió en un punto destacado en Latinoamérica, con una prensa especializada y con auditores, discjockeys y productores informados y exigentes. “Del eclipse para adelante, del ‘94 te diría hasta el ‘98, ‘99 o final del milenio, (la música electrónica) deja de ser under y pasa a ser cool”, distingue con precisión Christian Powditch. “El hecho de que por primera ve se organizara una rave internacional en Chile fue lo que consolidó la cultura electrónica en los medios más masivos”, dice la escritora María José Viera Gallo, entonces periodista de la revista “Zona de Contacto” en el diario «El Mercurio».
Precaria, improvisada, casi sin auspicios, con DJs que llegaron luego de tres días de peregrinación por cielo y tierra, a pesar de todo eso, la rave del eclipse es recordada como un punto de inflexión en la electrónica chilena. “Fue parte integral de una evolución, como que hubiera subido unos mil metros el nivel de lo que se venía a Chile, el nuevo estándar”, compara DJ Siddhartha. “Nada de lo que ahí sucedía tenía alguna relación cultural o histórica con Chile del año ‘94. Fue una transposición en el tiempo”, define Rocío Venegas. “Y ese fenómeno, de estar viviendo el futuro en el pasado, era muy poderoso en nuestra mentalidad de jóvenes. Sentimos que había una búsqueda, que la música que traían era una promesa de volver a las raíces que generaban un sonido capaz de reflejar la energía y la vibración de una tribu”.

“Esa es la historia del eclipse”, concluye Miguel Bustos, el organizador. “La parte musical y de artistas estuvo bien. La parte económica estuvo más o menos no más. Se perdieron muchas lucas. No fue una rave de miles de personas: yo creo que cortamos quinientos tickets en los dos días, 480 tickets, una cosa así. Pero estuvo muy bien el ambiente y además se montó el puente. Ese evento más que nada lo que hace es que crea el puente entre Santiago y Europa, Santiago y Alemania principalmente, y Santiago y Detroit. Era primera vez que se hacía en Latinoamérica un festival de música electrónica con artistas de ese nivel. Hay un pre y un post eclipse. La música electrónica hubiese entrado sí o sí en Chile, pero hubiese sido más largo el proceso”.



